Cada parte, cada voz en nuestro interior clama por algo. Nuestro cuerpo nos habla de todo tipo de deseos y necesidades. Nuestras emociones otro tanto, nuestra mente, qué decir. Y de todas estas hay una que sin embargo satisface a todas las demás. Cuando satisfaces la necesidad de tu alma todas las otras voces felizmente se acallan. Por eso, si has de satisfacer a una parte de tí, siempre, trata de satisfacer  primero a tu alma. Todo lo demás seguirá.

Los libros y los estantes donde estaba Maya Angelou

Cuando era chica una de las cosas que más recuerdo son los objetos y especialmente los libros que veía una y otra vez en el estante de la habitación de mi mamá. Los bordes largos y angostos con letras doradas, verdes, negras, con tipografías simples o elaboradas. La tapa del Bhagavad ghita en inglés cuando solo era la confusa imagen de un hombre que lucía perturbadoramente como una mujer. Recuerdo los titulos que volvían una y otra vez a mis ojos, The Other Bible, Gentle Gyants, Juan Salvador Gaviota, The god of small things y finalmente el libro de cuya autora quiero hablar hoy, I know why the cage bird sings, “Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado .

Me acuerdo cuando el jefe de mi mama de esa época le trajo este último. Entre los cuatro o cinco textos venía este libro de bolsillo, tan poco apetecible a pesar de la novedad de su título. John solía ser la fuente de varios de los libros que mi mama leía en las noches al llegar de la oficina y la razón por la cual varios de ellos estaban en inglés. La lectura y mi mama tenían rituales. No había placer mayor para ella -aún es así- que la promesa de la lectura bajo el cobijo de las colchas en la noche. Desde mi habitación yo podía disfrutar con una sonrisa, la ocasional carcajada o el sonido infaltable de esa tos aclaratoria, una sola, que jamás ha fallado en el ritual nocturno de mi madre.

Cuando yo aún aprendía las primeras palabras y luchaba por ir desarrollando el hábito de leer, trataba de competir con el paso veloz de su lectura leyendo solo la última palabra de cada línea, muchas veces retrasándome al paso rápido de su mirada a través de las letras. Y luego de unas cuantas páginas, cuando ya era evidente que no la podría alcanzar y renunciaba al deseo de ganarle, mi mirada volvía a caer sobre el lomo de los libros y allí estaba ese, el de las letras  floridas, de colores pasteles con la imagen de una señora negra que parecía una maestra con una historia poco entretenida que contar.

Solo este año, un domingo en el que retomábamos la tradición de los tallarines, luego de un viaje fugaz por USA, mi mama volvió hablarme de la mujer del libro que yo conocía tan bien por fuera, jamás por dentro. Me daba cuenta mientras ella me hablaba de Maya Angelou, como yo curiosamente había separado al libro de su autora, como si su nombre y su creación volaran separados por imagen y sonido. Para mi, Maya Angelou no era esa mujer en la tapa de aquella novela. Su nombre era exótico, su imagen en esa imagen, no. Yo pensaba todo esto, mientras mi mama hablaba entusiasmada señalando el libro sobre la mesa, la última auto biografía – después supe- de esta mujer que había sido violada a los 7 años y que había dejado de hablar por 5 luego de pensar que por pronunciar el nombre de su violador este había muerto tras repetidos golpes pocos días después.

maya

Unas semanas antes me había encontrado un video sobre el amor. Allí una anciana hablaba con voz pausada e hipnótica. Hablaba del amor en una forma simple e inmensa a la vez. Era así porque su relato y visión nacía de la experiencia extraordinaria que era su vida. Cuando lo vi, no sabía que se trataba de Maya.

Mi mama servía la comida y me contaba sobre la madre de Maya Angelou, y me hablaba mientras comíamos los deliciosos tallarines y mientras íbamos en el auto al cine. Cómo yo no puedo contenerme cuando algo me fascina, mientras me hablaba en el auto, me fui buscando en el celular más información sobre esta mujer que leyó un poema en la toma de poder de Clinton el año 93 y que fue mentora de Oprah Winfrey por más de 30 años. Hasta que a mitad de camino, dí con uno de los varios artículos que Maria Popova había dedicado a la escritora. En ella, sin trucos Maya hablaba sin hablar del poder sanador de la creación humana en el contexto de su experiencia de violación cuando pequeña:

To show you … how out of evil there can come good, in those five years I read every book in the black school library. I read all the books I could get from the white school library. I memorized James Weldon Johnson, Paul Laurence Dunbar, Countee Cullen and Langston Hughes. I memorized Shakespeare, whole plays, fifty sonnets. I memorized Edgar Allen Poe, all the poetry — never having heard it, I memorized it. I had Longfellow, I had Guy de Maupassant, I had Balzac, Rudyard Kipling — I mean, it was catholic kind of reading, and catholic kind of storing.

[…]

Out of this evil, which was a dire kind of evil, because rape on the body of a young person more often than not introduces cynicism, and there is nothing quite so tragic as a young cynic, because it means the person has gone from knowing nothing to believing nothing. In my case I was saved in that muteness… And I was able to draw from human thought, human disappointments and triumphs, enough to triumph myself.

[Para mostrarte… como del mal puede surgir el bien, en aquellos cinco años leí todos los libros del la Biblioteca escolar para negros. Leí todos los libros que pude conseguir de la biblioteca escolar para blancos. Memoricé a James Weldon Johnson, Paul Laurence Dunbar, Countee Cullen y Langston Hughes. Memoricé obras completas de Shakespeare, cincuenta sonetos. Memoricé a Edgar Allan Poe, toda la poesía -sin haberla escuchado nunca, la memoricé. Tenía a Longfellow, tenía a Guy de Maupassant, tenía a Balzac, Rudyard Kipling- quiero decir, era un tipo de lectura católica, y una forma católica de hacer historias.]

[…]

[De este mal, que era un tipo de mal extremo, porque la violación en el cuerpo de una persona joven, más a menudo que no, introduce el cinismo, y no hay nada más trágico, que un joven cínico, porque significa que la persona ha pasado de no saber nada, a no creer en nada. En mi caso fui salvada por la mudez… Y fui capaz de sacar del pensamiento humano, de las desilusiones y triunfos humanos, suficiente para yo misma poder triunfar.]

Recuerdo lo mucho que me impactó esa idea de pasar de “no saber nada, a no creer nada”. Y como en ese vacío anidaba el cinismo, cuando en ella, en Maya, como si fuera una antorcha, había logrado anidar el triunfo de la fortaleza.

En mi casa se canta una canción. Es la canción del aromo. Es una canción folklorica que habla de un aromo solitario al que todos los otros árboles envidian por su espacio, por sus flores, sin saber el esfuerzo y la lucha que debe hacer para sobrevivir de la roca, del viento, del aislamiento. Como produce belleza de su experiencia de dolor, como hace flores de sus penas.

Maya habla de esto sin ningún rastro de derrotismo. Lo hace para demostrar que existe una gema de lo humano que puede ser extraida incluso en la peor de las oscuridades. Su vida no fue fácil. Y justamente porque su vida no fue fácil, es que cada gesto de generosidad y altruismo de su parte resulta un asombro y una joya.

Escogiendo aprender

Cuando mi mama me hablaba primero de la madre de Maya, yo imaginaba a una madre ideal. Solo después supe que como la Doctora Angelou decía, había sido una pésima madre de niños pequeños y una excelente madre de jóvenes hacia la adultez. Ese libro que mi mama me había mostrado y que Maya escribió alrededor de los 80 años, era uno de los últimos gestos de ella para entender a una mujer central en su propia vida, pero llena de contrastes. Maya tuvo la impresionante cualidad de aceptar, amar y aprender de la mujer que la abandonó en su primera infancia. Ese es uno de los impactos de esta oda del amor que pudo hacerle después y que tan bellamente se expresa en este video.

Cuando encontré el video completo de esta entrevista me la pasé llorando de emoción. Maya me hace creer que vivir desde lo más profundo de una fidelidad interna es posible. Y de todas las frases que coronaban el relato, la que más profundo me caló fue aquella del alma, que es la idea central de este texto.

Cuando Maya honra a su Madre, la mujer que la abandonó dos veces, que la salvó también, tratando de entenderla como ella dice, de crear una imagen completa de ella en este pedazo de su autobiografía, enseña una lección profunda que resuena en mi como el verdadero compromiso del amor, que siempre esta atado a la idea de la verdadera libertad, de la verdadera dicha, de la verdadera plenitud. El dolor o la irresolución es siempre una forma de alarma sobre una zona en nuestro interior que debe ser dilucidada, lavada, puesta al sol.

Es por eso que de todas las ansiedades, de todas las peticiones, de todos los deseos y necesidades, el primero y último en prioridad siempre debe ser el del alma. Solo esa petición contiene a las demás. Satisface a tu alma, y todo lo demás seguirá. Para Maya esto era hacer lo correcto. Ese es el verdadero dialogo y clamor de la via dhármica, de la vía que no genera más ataduras, más ruedas y que en última instancia lleva a la liberación.

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