No se si he hablado de las preguntas.
La verdad es que no lo recuerdo. Pero como cada día se hace más evidente que las preguntas son la mejor manera de generar reflexión, he asumido que ya es hora de darles un espacio importante, porque seamos conscientes o no, las preguntas son como anzuelos a nuestra atención y si logramos hacer las adecuadas, pueden revelarnos todo tipo de cosas sorprendentes que nuestro radar haría pasar de alto.
Te ha pasado alguna vez que alguien te hace una pregunta y tu dices “nunca lo había pensado así”, o, “si lo pones así, entonces claro”. Recuerdo una vez hace varios años que estaba en un auto camino a una fiesta con un grupo de amigos. Íbamos, como no era raro en esa época, más personas de las que estaban pensadas para el auto, por lo que yo iba sentada sobre alguien con el que estaba discutiendo sobre música clásica, específicamente de barroco . Mi favorito siempre fue Bach, pero en ese minuto no se que fue exactamente lo que me dijo mi amigo sobre la música, y las teclas del piano, y la resonancia, que literalmente pude sentir como algo se abrió en mi cabeza. Lo sentí físicamente. Como cuando una se trona los dedos y algo se suelta, pero esta vez en mi cerebro. Y como me di cuenta (darse cuenta es fundamental para que se aprecie), me sentí feliz de que algo se hubiera abierto en mi gracias a lo que me dijo mi amigo (gracias Hugo).
Ahora.
Lo cierto es que no recuerdo ni remotamente que fue exactamente lo que me dijo -lo cual en definitiva no es tan importante-, pero si puedo recordar la sensación de que yo estuviera contemplando una posibilidad, una realidad, una dimensión que hasta ese minuto no había existido para mi.
Las preguntas hacen eso.
Lo hacen de una manera infinitamente más directa y simple. No por nada era el instrumento de reflexión y pedagogía favorito de Sócrates.

Pasar la pelota al otro lado de la cancha

Hace muy poco me encontré con un artículo en el cual una mujer comentaba los nuevos ejes educativos basados en los Proyectos Escolares.
Contaba como en el intento de concientizar sobre el tema de los eventos sociales cataclísmicos, como genocidios, dictaduras o estados de represión, que requerían una reflexión intensa y profunda,  hasta ese entonces siempre había tenido que optar por hacerles leer uno o dos libros icónicos sobre el tema.
Estos libros, que generalmente constituían un esfuerzo magno por parte de los alumnos, implicaban que en uno u otro momento siempre apareciera un alumno que pusiera la pregunta “¿por qué tenemos que leer este libro?”. Ante lo cual la profesora salía con una respuesta estándar, estilo “para que estos hechos no se vuelvan a repetir”.
Los alumnos pasivamente entendían el concepto de dicha importancia y la discusión quedaba hasta ahí. (Este dilema de querer hacer conciencia a las nuevas generaciones sobre eventos de horror pasados ha sido abordado de manera interesante en películas como la Ola).
Pero como siempre que queremos transmitir una idea desde afuera, existe una especie de frustración al observar que las grandes reflexiones que nos cambian la vida, no pueden ser impuestas. Deben nacer desde el interior, deben surgir de las personas como realizaciones propias.
En el artículo la profesora quería constatar el impacto que había empezado a producir la implementación de los proyectos escolares como método para la realización propia. Sin ya pedir la lectura obligada de los clásicos libros, la profesora simplemente, comenzó a hacer algo distinto:
“Cuando llego abril, cada estudiante de séptimo grado leyó una o más de las novelas de nuestra selección sobre adolescentes en el holocausto o en circunstancias históricas similares, y entonces se les pedía que consideraran las siguientes preguntas:
 
-Porque recordamos eventos cataclísmicos?
De qué manera recordamos instancias de violencia masiva?
Por qué estas historias deben ser contadas?
 
 
Lo sabía desde hace tiempo pero lo había olvidado, que lanzar preguntas en vez de respuestas a las personas jóvenes les haría pensar con intensidad. Estaba contenta de ver que darles opciones y libertad hacía que ellos comenzaran a hacer sus propias conexiones. Paré de tratar de enchufarles más información y comencé a regresarles sus propias preguntas. Cuando alguien me preguntaba si eso que estaban leyendo había pasado en otras partes, les pasaba otro libro o los dirigía a un sitio web, sin decirles nada más. Las preguntas llevaron a otras preguntas, lo que llevó a investigación, que llevo a más preguntas y más lectura y más aprendizaje”.
 proyecto de memoriales 1proyecto de memoriales
Eventualmente la profesora los instó a crear sus propios monumentos memoriales. Pequeñas maquetas que ilustráran un momento, un hecho o una idea. Así aparecieron distintas propuestas que representaban todo tipo de temáticas de discriminación y reflexión social, un trato artístico y simbólico del tema y finalmente la materialización y conexión con los temas a un nivel mucho más profundo.
La historia terminaba con una selección de una o dos de las maquetas para la realización en tamaño natural del proyecto. La profesora y más importante, los alumnos estaban profundamente tocados por la travesía de entender y querer honrar. La realización había surgido desde adentro.
 No le puedo enseñarnada a nadie.Solo puedo hacerlospensar.-Socrates
Esto es lo que hacen las preguntas.
Trasladan la pelota al otro lado de la cancha. Incitan el movimiento. Ponen luz sobre algo que no necesariamente estaba siendo visto, e incluso sentido.

Las preguntas y la claridad

Cuando nos preguntan directamente sobre un tema que no hemos sido capaces de ver o del cual nos hemos olvidado, de pronto se produce una claridad. Las preguntas dirigen de manera enfocada nuestra atención hacia un cierto punto y si son hechas de la manera adecuada pueden efectivamente develarnos la verdad. Pero tienen que ser las correctas. Tienen que tener la capacidad de apuntar hacia donde realmente vamos. He ahí que sea todo un arte aprender a como hacer preguntas que nos revelen la verdad.
Eso es lo que hace a un buen entrevistador.
Hay una película que ilustra muy bien este punto.
Se trata de El desafío: Foster contra Nixon.
Para aquel que le guste observar el curioso moverse del destino, el absurdo y misterioso modo en que las cosas se revelan y a manos de quién, les recomiendo esta película. En ella, se observa a un periodista de espectáculos queriendo desenmascarar al escurridizo de Nixon. Un poético clásico: El bufón que desenmascara al rey embustero.
Y ¿cómo? sabiendo, en el momento adecuado que es lo que debe preguntar.
Eso, como cada cosa significativa, requiere presencia. Estar presente, estar atento, estar consciente.
Entre las prácticas budistas existe una que se conoce como meditación contemplativa. No se enseña de inmediato, requiere de un práctica anterior que te permita poder sostener la atención en el tiempo y consta de lo siguiente:
Se te entrega una frase. Y esta frase debes sostenerla en la conciencia. Cada vez que la frase se vaya, simplemente la vuelves a instalar.
Digo simplemente porque la acción es simple, pero en sí no es sencilla.
De esta práctica se deriva la sabiduría de todo en todo. Porque cuando sostenemos nuestra mirada sobre algo durante el tiempo suficiente, sin distraernos, sin ausentarnos, entonces la cosa empieza a vaciarse.
Me acuerdo de ese juego que teníamos cuando niños. Repetíamos una palabra y de pronto, llegaba un momento en que perdía la conexión con su significado, se producía un extrañamiento y la palabra, quedaba por unos instante como vacía.
La pregunta es como la puntería y nuestra atención es la flecha.
Con esa capacidad puedes traer, esa experiencia de realizar, de darte cuenta.

Los sueños

Existen tres maneras generales de reaccionar a la presión y al estrés.
Una es reaccionar con actividad obsesiva hasta que el problema se resuelve.
Otra es reaccionar con molestia, ira o irritabilidad hasta que el problema se resuelve.
La tercera es reaccionar con evasión, distrayéndose, ausentándose.
Yo pertenezco al último grupo. Cada vez que las cosas se ponen color de hormiga, mi tendencia es a irme tan adentro que pierdo la sensación de conexión, me pongo distraída, se me olvidan las cosas, llego tarde, etc.
Los sueños siempre fueron una manera de irme lejos, de ausentarme, pero como en cada caso y en todos, los sueños son una manifestación de una intención de la voluntad. Por más lejos que los pongamos de nuestra realidad, ellos representan un ancla de lo que íntimamente proyectamos para nuestra vida.
Si unimos las preguntas con los sueños, cosas curiosas suceden.
Y si unimos la conciencia, las preguntas y los sueños, cosas aún más curiosas suceden.
Y todas estas cosas que suceden están asociadas con la capacidad de revelarnos una ruta hacia el ser, como la contemplación. Los deseos son espejos de un anhelo más profundo de reconocer, hasta lo más sutil de los sutil, la verdadera naturaleza de lo que somos. Y si ese proceso se realiza con verdad, te llevan si o si al quiebre con el mundo de los espejos.
Por que sí: los deseos son como migas en un camino que no existe.
Nada te falta. Nada te sobra.
Pero esa verdad debe ser percibida más allá de las imágenes.
Hasta entonces están las migas de pan y la sabiduría que emana de despejar las ilusiones.
Por eso hoy, quiero entregarte esta guía. Es parte de la Ruta de lo sueños.
Si en algo te interesa esto,
la acción de este artículo tiene que ver con responder la lista de preguntas que vienen en la guía. Después de ellas, vendrán unos tres o cuantro correos que son antesala del curso.
Sí, hay un curso al final. Podrás participar o no, pero hasta llegar a él, aprovecha estos recursos porque en ellos va esta intención de preguntar para aclarar y así aprender realizando sueños.
Una pregunta para que respondas en los comentarios: ¿Tienes alguna experiencia con una pregunta que te haya cambiado la percepción de las cosas? ¿Cuál fue?
**Referencia:
Artículo en inglés mencionado: http://www.bie.org/blog/literature_deep_inquiry_makerspace_memorial_projects_for_the_holocaust_othe

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