¿Qué significa ser intencional en nuestra vida y por qué puede ser realmente beneficioso? Si estas en un momento de la vida en el que sientes que no tienes idea de lo que estas haciendo y por qué estás donde estas, esta entrada te puede ayudar.

Estaba leyendo este correo de Michael Hyatt, uno de los referentes en el mundo estadounidense en el área de productividad.

La reflexión tenía que ver con la importancia de ser “intencional” en el modo de vivir la vida y desarrollar tu carrera. Hablaba de que para hacer de nuestro trabajo una experiencia plena era necesario tener tres elementos: Primero, pasión por lo que haces, que te guste, que te apasione. Segundo, ser bueno en ello. No basta con que algo te guste, tienes que entregar algo de valor, dar un aporte. Y tercero que alguien esté dispuesto a pagarte por lo que te gusta. La intersección de estas tres cosas define lo que sería una actividad o trabajo satisfactorio y pleno.

satisfacción

Y contó esta historia, una mujer, una doctora se le acercó tras una de sus conferencias para decirle que ella nunca había sido “intencional” respecto de su carrera. De hecho pensaba que se había dedicado a ser doctora porque su padre lo había sido y sentía que no había tenido otra opción. Trabajaba para una clinica privada en la que no tenía tiempo de ver a los pacientes y se sentía totalmente abrumada, como si fuera una pieza dentro de una maquinaria sin sentido. A pesar de que ganaba muchísimo dinero, se sentía completamente miserable. Mientras contaba su historia, la mujer rompió a llorar.

Más adelante, en el mismo artículo, Hyatt contaba la historia de otra mujer con una situación muy similar. Después de mucho tiempo ejerciendo como médico en una clínica corporativa, cansada de trabajar muchas horas, de no tener tiempo para ver  a sus pacientes de manera más personalizada decidió renunciar. Después de un tiempo se reencontró con su profesión, abrió una consulta privada y se dió todo el tiempo del mundo para atender a sus pacientes como siempre le hubiera gustado hacerlo.

Cuando leí la primera historia pensé. Esta mujer necesita renunciar y descubrir qué es lo que realmente quiere. Tiene que darse el tiempo. Y luego me dije, pero no todo el mundo se puede dar ese lujo. No todo el mundo puede llegar y renunciar y pensar y darse vueltas y descubrir en una epifanía su destino. De hecho, la mayoría de la gente corre desesperadamente de un lado a otro sin poder darse el lujo de cuestionar lo que se siente obligado a hacer. Para estas personas pareciera no haber tiempo, no haber espacio.

Cómo ser intencional puede abrir el tiempo

Hace un tiempo atrás cuando estaba haciendo la publicidad para el curso de meditación hice una pregunta a todos las lectoras y lectores acerca de qué harían si tuvieran más tiempo.

Aun me conmueve la cantidad de respuestas que hubo. La enormidad de personas que escribieron expresando la sensación de no tener tiempo de sentirse completamente abrumados era inmensa. La cantidad de personas queriendo tener más tiempo para su gente también. Desde entonces me empecé a preguntar cómo, como se puede hacer esto, como se le puede crear tiempo a las personas para que puedan realmente cambiar esa sensación interna. Yo se que la meditación es crucial. Lo creí entonces, y lo creo ahora y en realidad me parece que siempre lo creeré. Pero la meditación no es para todo el mundo y muchas veces no es para todas las etapas en la vida de las personas. A veces lo que necesitamos es algo más cercano a la locura en la que vivimos, para así ir creando un caminito, una ruta que nos lleve al silencio y a la paz y al tiempo y al sentido.

Así que me seguí dando vueltas en esto.

Cuando leí el articulo entonces algo me resonó. Esta idea de la intención con la que hacemos las cosas es como lazar una flecha con una cuerda atada a ella. La cuerda permite que cada vez que avanzas te acercas más al objetivo donde la flecha fue clavada. Significa que tienes una ruta, un plan un objetivo que puede servir de brújula para cuando quieres obtener algo. No digo una casa, no digo un auto, ni un viaje a la luna, ni un paseo en yate, ni el premio a la mejor bailarina, ni el nobel, ni nada estrafalario y lejano. Digo por ejemplo, tener más tiempo. Sí. Ser intencional respecto de tener más tiempo. Trazar un plan para tener más tiempo. Hacer una ruta. Crear el camino que te ate inevitablemente a horas de libertad para estar con tu gente, para dormir, para leer, para ir al cerro, para quedarte echada con la panza al sol. Más tiempo.

Pero ¿cómo se hace esto?

Ser intencional significa hacer un esfuerzo para dejar de reaccionar y empezar a decidir, proactivamente lo que quieres hacer de ante mano. Cómo puedes conseguirlo, como puedes crear esa realidad.

Primero creo que tienes que saber que es como construir una casa y que necesitas ese objetivo. Lo ideal hubiera sido que alguien nos hubiera enseñado de chicos a hacer pequeños esfuerzos que resulten en algo concreto. Que alguien nos hubiera enseñado a ser estables en nuestra intención. Mientras más estable, mientras más intensa esa intención, más posible se hace que podamos alcanzar lo que sea que queramos.

Por ahora quiero soñar con que es posible que una gran cantidad de las personas que realmente lo desean puedan tener más tiempo. Se creen un plan, generen la ruta y no sigan viviendo como que alguien, la vida, el mundo, le está robando este bien tan extraordinariamente preciado que es el tiempo.

La imagen del velero

Ahora bien. Todas estas ideas de la ser “intencional” creo que son muy importantes. Creo que son la brújula para no perderse y no terminar en cualquier parte. Pero siempre tiene que haber un poco de magia y misterio en el camino. Tampoco se trata de volvernos unos freaks del control, obsesionados con el más mínimo detalle para que nada se nos escape. Al igual como uno lo hace en un velero, tienes que sostener el timón con la noción consciente de donde vas, pero con la claridad de que estas en un barco a merced del mar. Para que el viaje sea suave y lleno de fluidez, es necesario que observemos a donde y como esta el viento y el agua que nos empuja y nos sostiene.

El ser intencional desde esta perspectiva implica que sabes donde quieres ir, pero que tienes que estar atenta/o al camino. Que debes ser capaz de adaptarte. O que si te es muy difícil identificar lo que quieres, que tienes un nivel atención de donde estás y saber si quieres o no estar ahí.

A veces es difícil, lo sé. A veces y en realidad en muchas ocasiones lo que queremos es olvidarnos porque parece muy difícil mantener el timón en curso. Pero si en verdad estas insatisfecha/o lo mínimo es que puedas sopesar hasta que nivel esto es así, para mantener el fuego andando. Al menos hasta que puedas estar bien donde sea y como sea.

La búsqueda y la intencionalidad no es más que un acuerdo con nosotros mismos para evidenciar en el tiempo que estamos comprometidos con nuestra felicidad. Y eso, eso es lo que vale oro. Eso es lo que construye el camino del misterio.

Los ritos son eso, los hábitos, el feedback positivo, los actos y palabras son eso. Gestos en el que se ve reflejada nuestra verdadera intención, para la conciencia, y para el misterio. Este misterio es el que te va a sostener y que va abrir el tiempo cuando tu sientas que no hay más espacio.

La importancia del sentido en el ser intencional

Algunas veces sin embargo, el misterio aparece y no nos damos cuenta. Esto tiene que ver con que si somos capaces o no de percibir y disfrutar lo que aparece. No es que tengamos un problema es solo que hemos llegado a un momento en que quizás estamos tan abrumados con lo urgente que no nos damos cuenta de los detalles, de lo suave, de lo sutil que se mueve a nuestro alrededor. El tiempo no es un valor por si mismo. Esta al servicio del sentido que le demos, del enfoque que tengamos, de dónde esté nuestra atención. Y esto es clave. Sea como sea, tienes que tener un momento del día en el que puedas darte cuenta. Idealmente dos. Antes de empezar el día y antes de terminarlo. Si eres capaz de controlar lo que sucede en los pocos momentos antes de entrar y salir de la conciencia, entonces todo lo que pasa durante la noche será como regar el árbol del cambio.

Son un sin número la cantidad de ejemplos donde se ha comprobado la fuerza de lo que sucede cuando comienzas el día y cuando lo terminas. Si tu día comienza mal, abrumado, urgente, corriendo, es mucho más difícil poder cambiarlo. No es que sea imposible, solo más difícil. Y creo que las cosas ya tienen su desafío suficiente para ponerle además otro bloque encima. Una pequeña rutina, en la que le demos prioridad a lo que realmente nos importa puede hacer una diferencia tan inmensa que no te lo puedes imaginar. A mi me toca convencerte a que lo pruebes y te convenzas por ti misma/o de que variaciones tan pequeñas pueden significar el cambio del sentido. Desde ahí se despliega todo lo demás. Y de nuevo el misterio.

Si te interesa probar como nos va con esto, vamos a hacer un experimento.

Probemos que puedes volverte intencional respecto de tu felicidad. Y más concretamente del uso de tu tiempo. Hice un pequeño material para ayudarte a pensar y crear ese espacio. Es un plan. Un plan maestro para repetir cada día y que puedas empezar a generar el tiempo que quieres para ti. Como todo plan maestro, debe ser tan sencillo que un niño lo pueda seguir. Si un niño lo puede seguir entonces tu también. Y como todo plan maestro implique que tiene resultados concretos. Simples y concretos.

Para descargar el Plan haz click aquí.

Por favor cuéntame que piensas de esto. ¿Tienes alguna idea de como hacerlo mejor?, sobre ¿qué puede abrir más y más la ventana para cambiar las rutinas y que la vida sea más holgada y con aire? ¿Qué has descubierto tu?

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